“Dicen que el
que no sabe es como el que no ve,
y a mi parecer,
tienes dificultades visuales”.
Transformar un
pensamiento en palabras tiene su grado de dificultad. Nuestro cerebro
codifica ideas que interpretamos porque conocemos
parte de la realidad que impera dentro de nosotros. Se sabe lo que se quiere
decir, pero en ocasiones no es fácil expresarlo.
El punto de partida es
que todo nace en la cabeza, en específico en el órgano vinculado con la fluidez
cognoscitiva, por lo tanto podemos decir que nada sale de la boca sin antes
haber sido ideado por la mente.
Es por eso que resulta
sorprendente que nuestro encéfalo sea un constante sobre productor de estupidez…
Que en un momento
impredecible alguien sorprenda con un cuestionamiento en el que no sabemos ni
que carajos decir, puede suceder en cualquier instante, además por nuestros antecedentes
culturales y también por convicción, en México no podemos decir que hemos sido
privilegiados con la sabiduría.
Nadie puede tener todas
las preguntas, ni mucho menos todas las respuestas, y en ésto sería injusto
poner como principados a los aspirantes a cargos políticos, a quienes menos les
afloran las ideas y Dios no ha puesto su mano sobre su presencia.
¿Por qué ellos habrán
de conocer sobre todos los posibles escenarios de cualquier índole?, son
políticos, y ese oficio, profesión o lambisconería –como algunos califican- no
se hace en las casas de estudios y en
los círculos de intelectuales; se hace en la “grilla”, en el arte de salivar y
lamer algunos pies (dicen) y en casos extraordinario en la formación
humanitaria y capacidad de resolver problemáticas sociales; extraordinarios,
muy extraordinarios, por lo que no vale la pena hacerse muchas esperanzas.
Pero lo que sí se
podría exigir a cualquiera que pretenda gobernarnos en los cargos que confiere
la elección popular, es parecer al menos un poco menos estúpidos que nosotros,
dar la finta no sólo de agraciado sino también de individuos con posibilidades
de al menos hacer la lucha por combatir nuestra miseria.
¿Pues qué argumentos son obsequiar el voto a
un hombre por ser guapo, a una mujer por ser mujer y un pseudo izquierdista,
solamente por estar completamente enamorado de nosotros?
La belleza es subjetiva
y pasajera, las mujeres, no siempre por el simple hecho de serlo pueden
administrar una casa, menos un país, y el amor se vincula con la irracionalidad
y hace que todo el que lo padece tenga descontrol de sus actos y emociones.
Entonces diremos que
¡No!. Lo más jodido de ésto, es que muchos empiezan a adoptar estas respuestas
como una bandera para justificar el sufragio que emitirán en los comicios del
primero de julio.
A la mayoría de los
votantes no le tocará ningún hueso,
entonces ¿por qué conformarse con esos míseros intentos de razonamientos?, a
votar por quien le plazca pero al menos exija planes de trabajo coherentes y
factibles, que como mínimo nos hagan creer que esta vez no será lo mismo que
todas las anteriores.
Quien resulte victorioso,
al menos ganará en 30 días más de lo que cualquier mexicano promedio en toda su
vida, y ¿sólo por ser hermoso, por ser fémina o por estar enamorado?
No sé ustedes, pero al
menos a mí me hacen falta más justificaciones para enriquecer a cualquiera de
estos tres aspirantes. Y por cierto, si ellos siguen actuando y hablando como
inútiles, es en parte porque nosotros se los hemos permitido.
Usted puede enviar
todos sus insultos a la siguiente cuenta de twitter: @axelchl


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