lunes, 30 de abril de 2012

Hidalgo en papel


Axel Chávez I Abril 2012


El arte es una herramienta de reflexión y discernimiento sobre el acontecer cotidiano. Es el reflejo puro de las atrocidades imperceptibles para el individuo promedio.
El arte se basa de elementos retóricos, herméticos y destellos inusuales manifestados en diferentes expresiones.
Todo ya ha sido, las verdades universales sobre el amor y la vida no tienen autor, pero si expectantes que retoman el fenómeno para ser transmitido en plataformas alternativas. Un personaje que haya padecido diferentes infortunios, o esté situado en el momento idóneo para visualizar, palpar o sentir una atrocidad, tendrá una visión mayor sobre el universo, pues como bien dictan los pasajes bíblicos, el conocimiento jamás será ajeno a la aflicción, y el arte es conocimiento.
Hidalgo, uno de los sitios de mayor marginación en México, es referente en literatura, no sólo a nivel nacional sino internacional.
Una camada de jóvenes escritores ha mostrado a los ojos del mundo, a través de obras poéticas, dramatúrgicas y narrativas, las desventuras de un estado. Autores como Yuri Herrera, Agustín Cadena y Enrique Olmos de Ita, se han valido de la condición sumisa de su lugar de origen para idear pensamientos, historias y argumentos plagados de elementos gramáticos y fantásticos para dar sustento a sus creaciones.
Diego Castillo Quintero, el hombre que venera los cerros del altiplano hidalguense y observa los misterios en las cicatrices del Xihuingo, para transformarlo en Una Batalla entre Luciérnagas, como alude el título de su primera obra, merecedora del Premio Ricardo Garibay 2006, es uno de los creadores que cargan con sus raíces no como con una cruz que se toma en procesión, sino como un legado divino que busca expandirse como plaga entre el acervo de reconocimientos que merece la belleza natural.
Fernando Rivera Flores, que aún con sus Mil Besos conserva el corazón dolorido, tan frio y tan gris como los cielos de su amada Pachuca, y Juan Rivera, que comparte también los detalles de la ciudad airosa en las tramas de sus historias, buscan situar su cultura y antecedentes históricos como un referente literario.
Said Estrella, Ilallali Hernández, entre otros, se añaden a esta lista de autores cuya bandera ha sido hasta lo último de sus obras, dar a conocer la condición de su tierra, ya sea en ámbitos sociales, políticos, religiosos, y todos los que sería imposible exponer si no fuese entre las páginas de un libro.
Muchos habrá escondidos entre el olvido, autores cuya pluma detalla igual o con mayor destello una misma realidad, una visión compartida, donde impera la obligación de retribuir al polvo de donde fueron sacados, un poco, al menos con historias.
Hidalgo se ha convertido en semillero de escritores, cada uno con sus diferentes estilos y referencias tanto ideológicas como cognoscitivas, pero en todos predomina la similitud de un escenario: el triste, abatido, olvidado y en ocasiones miserable, estado que lleva el nombre del padre de la patria

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