Axel Chávez I Abril 2012
El arte es una herramienta de reflexión y discernimiento sobre el
acontecer cotidiano. Es el reflejo puro de las atrocidades imperceptibles para
el individuo promedio.
El arte se basa de
elementos retóricos, herméticos y destellos inusuales manifestados en
diferentes expresiones.
Todo ya ha sido,
las verdades universales sobre el amor y la vida no tienen autor, pero si
expectantes que retoman el fenómeno para ser transmitido en plataformas
alternativas. Un personaje que haya padecido diferentes infortunios, o esté
situado en el momento idóneo para visualizar, palpar o sentir una atrocidad,
tendrá una visión mayor sobre el universo, pues como bien dictan los pasajes
bíblicos, el conocimiento jamás será ajeno a la aflicción, y el arte es
conocimiento.
Hidalgo, uno de los
sitios de mayor marginación en México, es referente en literatura, no sólo a
nivel nacional sino internacional.
Una camada de
jóvenes escritores ha mostrado a los ojos del mundo, a través de obras
poéticas, dramatúrgicas y narrativas, las desventuras de un estado. Autores
como Yuri Herrera, Agustín Cadena y Enrique Olmos de Ita, se han valido de la
condición sumisa de su lugar de origen para idear pensamientos, historias y
argumentos plagados de elementos gramáticos y fantásticos para dar sustento a
sus creaciones.
Diego Castillo
Quintero, el hombre que venera los cerros del altiplano hidalguense y observa
los misterios en las cicatrices del Xihuingo, para transformarlo en Una Batalla
entre Luciérnagas, como alude el título de su primera obra, merecedora del
Premio Ricardo Garibay 2006, es uno de los creadores que cargan con sus raíces
no como con una cruz que se toma en procesión, sino como un legado divino que
busca expandirse como plaga entre el acervo de reconocimientos que merece la
belleza natural.
Fernando Rivera
Flores, que aún con sus Mil Besos conserva el corazón dolorido, tan frio y tan
gris como los cielos de su amada Pachuca, y Juan Rivera, que comparte también
los detalles de la ciudad airosa en las tramas de sus historias, buscan situar
su cultura y antecedentes históricos como un referente literario.
Said Estrella,
Ilallali Hernández, entre otros, se añaden a esta lista de autores cuya bandera
ha sido hasta lo último de sus obras, dar a conocer la condición de su tierra,
ya sea en ámbitos sociales, políticos, religiosos, y todos los que sería
imposible exponer si no fuese entre las páginas de un libro.
Muchos habrá
escondidos entre el olvido, autores cuya pluma detalla igual o con mayor
destello una misma realidad, una visión compartida, donde impera la obligación
de retribuir al polvo de donde fueron sacados, un poco, al menos con historias.
Hidalgo se ha
convertido en semillero de escritores, cada uno con sus diferentes estilos y
referencias tanto ideológicas como cognoscitivas, pero en todos predomina la
similitud de un escenario: el triste, abatido, olvidado y en ocasiones
miserable, estado que lleva el nombre del padre de la patria

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